¿Quién es el dueño del gol?

Cuando el balón cruza la linea de cal, última y más defendida frontera del equipo contrario, un millón de emociones estallan en el interior del futbolista, que lo recorren desde el estomago hasta la garganta, donde explota y llena la boca de un grito continuo conocido como: ¡Gol!

Ese momento único puede ir a acompañado de muchas cosas; una carrera descontrolada para encontrarse con el resto de los compañeros; abalanzarse sobre el cuerpo técnico o un integrante en particular; arrodillarse y agradecer a cualquier Dios. O dos de las que prefiere este servidor: Colgarse del alambrado perimetral y unirse pecho con pecho con la parcialidad local. Y el otro levantarse la casaca para saludar a la madre en su cumpleaños. Pues bien, resulta ser que este último es punible de sanción.

Según el artículo 19 del código disciplinario de la Federación Española de Fútbol, el futbolista “que alce su camiseta y exhiba cualquier clase de publicidad, lema, leyenda, siglas, anagramas o dibujos, será sancionado”

Las explicaciones del artículo no existen, pero si la prohibición. Ahora. Yo me pregunto desde la más escandalosa de las ignorancias en cuanto a códigos federativos. ¿Estos señores alguna vez gritaron un gol, aunque sea en un partido no oficial, jugado en cancha de cemento y con los mozalbetes del barrio? ¿Disfrutaron de ver al portero rendido y la pelota que viaja como en cámara lenta cruzar la improvisada portería, consistente en dos bultos de ropa por palos?

Mis estimados señores, un Gol se disfruta y se siente con pasión incontrolable, en cualquier cancha del mundo, sea el Camp Nou; el patio de un cárcel o la cubierta de un barco.

Es por esto que escribo esta nota, para defender a los Messi de todo el mundo, que cuando hacen un Gol, se levantan la casaca y le desean un feliz cumpleaños a su madre. El Gol tiene dueño amigos, y es el mismo dueño el que tiene los derechos sobre el festejo. Aunque cueste 2,000 euros.

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Published in: on enero 26, 2011 at 1:39 pm  Dejar un comentario  

La Pampa esclavizada

Al mismo tiempo en que el gobierno y los grandes productores, se ocupan de satisfacer sus demandas y condiciones económicas, los campos de Argentina se desangran. No es la falta de lluvia, ni el precio de las rentas estatales, sino el accionar anacrónico e inescrupuloso de algunos productores rurales. Que aun en estos tiempos siguen considerando al trabajo rural algo de su propiedad y exento de los mínimos derechos naturales y humanos.

Al mismo tiempo que las importaciones crecen hasta el cielo, en el interior de los campos hay personas que viven en condiciones infrahumanas. Gentes sin estudios y desesperados, son empleados (o esclavizados) por estos personajes nefastos que los obligan a trabajar durante jornadas interminables que van de sol a sol, con jornales irrisorios y como si fuera poco, viven hacinados como animales. En mucho casos, en peores condiciones que estos.

Pero la lucha de los grandes productores y de los gobernantes gira en torno a cuestiones millonarias y evidentemente no hay lugar en estas grandes mesas de negociación para la situación crítica que sufren miles de campesinos, los cuales dejan sus huesos y sueños sobre la tierra fecunda de este País.

Al parecer no hay nadie que tenga el tiempo suficiente para investigar sobre las condiciones de trabajo o el jornal adecuado para los trabajadores rurales. Están ocupados en pensar sobre la cotización de los productos en las bolsas internacionales, trabajando arduamente para evitar que se les escape el dinero que según ellos les corresponde. Mientras tanto, los que trabajan para que esa cotización crezca todos los días, se mueren de hambre, duermen en el barro y comen a centímetros de sus propios excrementos. ¿Quién se ocupa de ellos? ¿Quien vela por su salud y condiciones de trabajo y vivienda? Nadie.

La Pampa inmensa y fecunda; ve morir estas manos con llagas; siente el caminar suave de los escuálidos niños que realizan tareas de bestias; es testiga muda de los apaleados lomos que deben continuar con la faena hasta caer reventados.

Al caer el sol, los peones se amontonan, se dejan llevar por el sueño, el sueño que les cura el dolor y los aleja del castigo diario. Y quizás sueñen con la posibilidad o el milagro de que alguna vez el patrón les de una pequeña parte de todo lo que la madre tierra le da a él.

Esta noche, cuando cierre la bolsa de Chicago y la soja haya crecido unos puntos mas, seguramente tendremos un par de manos menos que trabajen esta tierra y unos millones más que inflen la depravada e indiferente economía Argentina.

 

Published in: on enero 25, 2011 at 12:31 pm  Dejar un comentario  

Torero

La Plaza se llenaba poco a poco de gentes que entraban sonriendo y conversando a viva voz, los vestidos de todos colores y los sombreros agitados al viento, convertían a las gradas en una enorme boca abierta que mostraba sus papilas deseosas de saborear la sangre latiente de bestias y hombres.
El sol sudaba las camisas de algodón almidonadas y redoblaba la velocidad en los abanicos de las mujeres, que miraban con desdén a los borrachos que recorrían las tribunas como moscas mareadas.
En la parte baja de la plaza, piqueros y banderilleros se mantienen callados uniéndose por la mirada, haciendolos cómplices de su honor y temor. En el otro extremo, en una suerte de gruta, reservada para la entrada de los toreadores. Se encuentra Ignacio con sus 18 años, de rasgos moros y ojos grises como el plomo. Hoy enfrentará a su primer toro bravo, una bestia hermosa de cuero negro, de enormes músculos que brillan mientras convulcionan bajo la piel lustrada por el sudor. Ignacio se mira en el espejo mientras con voz apenas audible reza a la Santa Madre, para que lo guarde con su manto sagrado de una corneada que lo aleje para siempre de los vivos. Termina de colocarse el traje de luces mientras contempla en silencio cada tramo de su cuerpo, perdiéndose en los colores y los hilos de oro y plata, acaricia la seda suave y apretada que lo rodea como una segunda piel. A pocos metros su padre y el mozo, que lustra la espada, están en completo silencio, le dirijen miradas de amor y admiración como quien venera un santo. Él, cierra los ojos y se escapa, regresa por completo a la noche anterior con Maria; se entierra en su piel; en su aroma. Recuerda la tersura de sus muslos, sus caderas cabalgando el aire, sus dedos queriendo rasgarla y el cabello oscuro de la muchacha que se derrama acariciando su pecho como mil manos, como mil lenguas…
Toda la gruta esta en penumbras, se respira un aroma de lavanda y rosas que lo invade todo, un tul ligeramente perfumado parece envolver el aire. Algunos rayos de sol se filtran por las pequeñas ventanas y acarician casi con respeto la imagen de la Virgen y del Sagrado Corazón.

El capote a la altura del pecho y de rodillas Ignacio mira la imagen santa y ora por última vez, no por el miedo ni el toro, si no por ella y por el. Las paredes retumban esporádicamente por los gritos de la muchedumbre que se excita por alguna faena a cargo de los banderilleros. El matador sale caminado lo más esbelto que puede, a cada paso que da, su traje de oro y seda destella miles de brillos hipnotizando a los espectadores que lo reciben con un millón de aplausos. La muy buena faena de los banderilleros y piqueros han dejado al toro listo para el espectáculo que la gente reclama con gritos y aplausos. Ignacio recibe la primera envestida con la rodilla en tierra, dándole al toro dos giros completos. El gentío explota, mientras el matador se incorpora y doblando su fino cuerpo hacia atrás nuevamente, capote en mano hace girar al animal tres, cuatro hasta cinco veces y se clava en la arena con tanta fuerza que los cuidadores creen que el piso se ha movido.

El torero dirije una mirada de acero hacia las gradas, para luego hundirse en los ojos negros de la bestia, que pide muerte. Ha pedido otra espada.

En perfecta perpendicular con el cielo se perfila Ignacio y busca pinchar el hueso, el toro embiste una vez mas y pasa a centimetros de su pecho engañado con una majestuosa vuelta de capote.

Nuevamente el joven, se congela en el tiempo y se lanza con el acero que se funde en su mano y se clava hasta el puño rosando el pelaje. La plaza completa, esta de pie y los sombreros vuelan, la bestia se derrumba y la sangre brota manchando la dorada arena. Un segundo después arremete con lo que le queda de vida, ciego de furia clava su cuerno destrozando el traje de luces y desgarrando la carne de Ignacio. La sorpresa enmudece a la gente, el torero gira sobre la arena evitando la proxíma embestida, mientras los muleteros intentan con los capotes alejar a la bestia cegada de furia y de muerte. La embestida es presisa y asesina, una vez más el cuerno se hunde en la carne y suspende en el aire el cuerpo del joven dejandolo de pie.

Su rostro se oscurece y los ojos pierden el brillo, camina unos pasos y cae. Al mismo tiempo que el toro resopla por última vez desparramado como una mancha enorme de oscuridad que pareciera cubrir toda la arena.

El pelo perfectamente peinado y perfumado con azares de jazmín, ahora esta revuelto y sucio de arena, lo suben a la camilla y la gente ve pasar por el corredor al torero, con la mirada ida y la piel azulada, con una expreción de ausencia que todos entienden como de muerte.

Ignacio ha muerto, María morirá meses después de nostalgia y tristeza.

 

Crónica inspirada en la muerte de José Cubero “Yiyo”

 

Published in: on enero 20, 2011 at 3:27 pm  Dejar un comentario  

María Elena Walsh

La Maga Blanca a muerto. Aquella que con sus personajes de colores y sus mundos imaginarios y felices logró fertilizar las mentes de algunos que crecimos escuchando sus canciones o leyendo sus historias. El agradecimiento es infinito, desde todos los costados de la cultura Argentina e Hispana, por supuesto más que merecido.

Ahora es tiempo de pensar en el infinito vacío que deja la ausencia de esta creadora indomable, un hueco de pensamientos y reflexiones que es muy difícil de completar. En su perdida se refleja el casi inexistente recambio intelectual de nuestro país y del resto de Sudamérica, se van muriendo los últimos defensores de las letras y del pensamiento de este lado del charco. Nos vamos quedando sin los faros necesarios para no zozobrar en una cultura empaquetada que viene desde la fría Europa o lo que es peor, la intoxicante influencia del gran país del norte.

Hoy lloran los Cronopios, los Jorobaditos y también los memoriosos Funes que al parecer no dejan descendencia en nuestras letras. Pero aún así María se fue con los huesos hechos polvo y la mente llena de colores, acompañada por el recuerdo interminable de su obra vasta y original. Se fue sin hacer ruido y con la esperanza intacta de creer en que todavía hay otros que creen en sus mundos de fantasía y seguirán creando nuevos libros que curen las perdidas de los viejos.

La recordemos así, empuñando libros y sacudiendo los teclados adormecidos, creando un réquiem de renacimiento plagado de nuevas historias compuestas por aquellos que aún desde el sótano peleamos por escribir una nueva literatura, que  rescate infinitamente lo hecho por nuestros maestros.

Published in: on enero 11, 2011 at 2:25 pm  Dejar un comentario  

Un buen vecino

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Cuando recorro mi mente, suelo encontrarme con recovecos en los que guardo detalles sin sentido,imágenes cotidianas que no tienen casi permanencia en el tiempo, a decir: El reflejo del sol en un cuadro mal pintado, un perfume al pasar por un bar de la calle corrientes, el bar de la terminal de un pueblo cualquiera en donde todas las mesas estaban vacías. Imágenes sin contexto, mutilaciones de hechos más importantes que al parecer no tienen ninguna importancia. Sin embargo y por más que me cueste reconocerlo, tengo la sensación de que son las anclas de mi alma, estos miles de hilos son los que mantienen en pié el puente de mi mente siempre listo a derrumbarse.

Evitando caer en la seudopsicologia, trato de encontrar una explicación del por que de este acopio de instantáneas como cimientos de mi mente. Sería como darse cuenta de un día para otro que la casa donde uno vive esta edificada sobre miles y miles de escarbadientes. Lo mas sensato sería no dar ni un paso más, para evitar el seguro derrumbe. Ocurre lo mismo cuando me encuentro con esto, quedo aterrado y paralizado, hasta contengo la respiración con tal de evitar que todo se derrumbe.
Después de un tiempo de observar estos recortes, comienzo a romperlos lentamente, como un niño que encuentra papeles en el cajón del escritorio de su padre, y comienza a rasgarlos sin saber de su importancia. Pasa el tiempo y sigo sentado en el piso de mi mente ante un montaña de papeles recortados sin forma alguna. Pero nada pasa, nunca llega el derrumbe, nada se transforma y los pequeños recuerdos parecen ser infinitos. Me entristece saber que no puedo destruirlo todo, por que cada vez que destruyo un pequeño recuerdo, provoco la creación de otro y así ad infinitum.
Finalmente me asqueo de ver todas esas imágenes apiladas y abro los ojos, acariciando la pequeña esperanza de encontrarlo todo diferente. Y claro, no ha cambiado nada, sigo siendo el mismo depósito de recuerdos que era antes del auto atentado de mi psiquis.
Matias me observa entre el humo del cigarrillo que se balancea en su mano, y con una voz suave y correcta me pregunta:
¿Qué busca un periodista en un lugar como este, donde lo único que hay son locos?-No busco nada en especial, y que este llenos de locos no hace que sea muy diferente al mundo en el que vivo a diario. ¿Por qué esta acá Matias?- No sé, creo que perdí mucho tiempo buscando mi lugar en este mundo, tanto que rompí algo en mi cabeza y a los doctores les pareció más seguro dejarme en este lugar. ¿Cómo te llevabas con la gente de afuera?- También como puede llevarse Ud. o el vecino de su barrio. Sin embargo una de las causas de que este acá es haber matado un hombre con tus propias manos…
-¿A Ud. eso le sigue pareciendo extraño? Piense en lo siguiente Señor periodista: “Vivimos en una ciudad como Buenos Aires donde conviven diariamente mas de un millón de personas a diario. Piense. ¿Cuál sería el futuro de esta ciudad si de un día para el otro no hubiera accidentes de tránsito fatales; asesinatos como el mio; infartos; suicidios; envenenamientos; accidentes dómesticos, etc? Sucedería lo peor mi amigo, llenaríamos las calles, se acabaría la comida y el agua. Colapsaría la infraestructura donde habitamos, la economía sería un caos. Nos condenaríamos a la muerte en masa, es por eso que necesitamos depredarnos a nosotros mismos, regular nuestra cantidad de habitantes de la manera más simple. Matándolos.
¿No cree que es un poco pretencioso creer que se puede decidir sobre la existencia de otro ser humano?- Si mi existencia depende de eso, no lo creo. Los asesinos actuamos instintivamente, hacemos lo que hacemos por que estamos convencidos de que hacemos un bien al resto de la especie.
Matias, calla y se queda observando como se consume el pucho, con sus ojos sin vida y sin tiempo. Comparto su silencio y por un minuto reflexiono sobre sus palabras y me asusta encontrarles algo de cordura. Nos despedimos y antes de irme me sujeta de un hombro, me mira fijo y me dice: Acuérdese mi buen amigo, alguien tiene que detenernos antes de que sea demasiado tarde.
Recorro lentamente el senderito que me saca del Hospital, con un gran dolor de cabeza y la incertidumbre de no saber si hago bien en irme.
Matias Santillán, asesinó a su vecino ahorcándolo con sus propias manos, la justicia lo declaro inimputable y lo internaron en el Hospital Neuropsiquiatrico de la Provincia de Córdoba. El diagnóstico lo describe como un sociopata, sin posibilidades de ser reinsertado en la sociedad.

Published in: on diciembre 22, 2010 at 12:56 am  Dejar un comentario  

Editorial “Desalmadero”

Estimados lectores:

El fin, (si es que tiene alguno) de este magazine no es otro que el de mantenerlos informados sobre las noticias relevantes que sucedan durante las semanas que nos toca vivir en este mundo. No es nuestro camino el diferenciarnos o parecernos a nadie, sólo creemos que la crónica de noticias alguna vez nutrió a este país de grandes periodistas que además eran muy buenos escritores. En nuestro caso carecemos de ambas, pero si tenemos el respeto sagrado de los que hacen de corazón y se equivocan por necesidad.

Por lo tanto, les aseguramos que desde nuestras almas extirparemos lo mejor para que Uds. puedan al menos leer durante unos segundos,  las crónicas que próximamente completaran los tenebrosos espacios vacíos de este blog semanal.

Amparados en el orgullo de los que intentan, soltamos amarras, con las velas hinchadas de un viento fuerte pero aún sin dirección. Esperamos que la suerte de los valientes nos muestre el camino.

Saludos.

Director Periodístico: El Hacedor

Published in: on noviembre 24, 2010 at 2:57 am  Dejar un comentario