Un buen vecino

.....

Cuando recorro mi mente, suelo encontrarme con recovecos en los que guardo detalles sin sentido,imágenes cotidianas que no tienen casi permanencia en el tiempo, a decir: El reflejo del sol en un cuadro mal pintado, un perfume al pasar por un bar de la calle corrientes, el bar de la terminal de un pueblo cualquiera en donde todas las mesas estaban vacías. Imágenes sin contexto, mutilaciones de hechos más importantes que al parecer no tienen ninguna importancia. Sin embargo y por más que me cueste reconocerlo, tengo la sensación de que son las anclas de mi alma, estos miles de hilos son los que mantienen en pié el puente de mi mente siempre listo a derrumbarse.

Evitando caer en la seudopsicologia, trato de encontrar una explicación del por que de este acopio de instantáneas como cimientos de mi mente. Sería como darse cuenta de un día para otro que la casa donde uno vive esta edificada sobre miles y miles de escarbadientes. Lo mas sensato sería no dar ni un paso más, para evitar el seguro derrumbe. Ocurre lo mismo cuando me encuentro con esto, quedo aterrado y paralizado, hasta contengo la respiración con tal de evitar que todo se derrumbe.
Después de un tiempo de observar estos recortes, comienzo a romperlos lentamente, como un niño que encuentra papeles en el cajón del escritorio de su padre, y comienza a rasgarlos sin saber de su importancia. Pasa el tiempo y sigo sentado en el piso de mi mente ante un montaña de papeles recortados sin forma alguna. Pero nada pasa, nunca llega el derrumbe, nada se transforma y los pequeños recuerdos parecen ser infinitos. Me entristece saber que no puedo destruirlo todo, por que cada vez que destruyo un pequeño recuerdo, provoco la creación de otro y así ad infinitum.
Finalmente me asqueo de ver todas esas imágenes apiladas y abro los ojos, acariciando la pequeña esperanza de encontrarlo todo diferente. Y claro, no ha cambiado nada, sigo siendo el mismo depósito de recuerdos que era antes del auto atentado de mi psiquis.
Matias me observa entre el humo del cigarrillo que se balancea en su mano, y con una voz suave y correcta me pregunta:
¿Qué busca un periodista en un lugar como este, donde lo único que hay son locos?-No busco nada en especial, y que este llenos de locos no hace que sea muy diferente al mundo en el que vivo a diario. ¿Por qué esta acá Matias?- No sé, creo que perdí mucho tiempo buscando mi lugar en este mundo, tanto que rompí algo en mi cabeza y a los doctores les pareció más seguro dejarme en este lugar. ¿Cómo te llevabas con la gente de afuera?- También como puede llevarse Ud. o el vecino de su barrio. Sin embargo una de las causas de que este acá es haber matado un hombre con tus propias manos…
-¿A Ud. eso le sigue pareciendo extraño? Piense en lo siguiente Señor periodista: “Vivimos en una ciudad como Buenos Aires donde conviven diariamente mas de un millón de personas a diario. Piense. ¿Cuál sería el futuro de esta ciudad si de un día para el otro no hubiera accidentes de tránsito fatales; asesinatos como el mio; infartos; suicidios; envenenamientos; accidentes dómesticos, etc? Sucedería lo peor mi amigo, llenaríamos las calles, se acabaría la comida y el agua. Colapsaría la infraestructura donde habitamos, la economía sería un caos. Nos condenaríamos a la muerte en masa, es por eso que necesitamos depredarnos a nosotros mismos, regular nuestra cantidad de habitantes de la manera más simple. Matándolos.
¿No cree que es un poco pretencioso creer que se puede decidir sobre la existencia de otro ser humano?- Si mi existencia depende de eso, no lo creo. Los asesinos actuamos instintivamente, hacemos lo que hacemos por que estamos convencidos de que hacemos un bien al resto de la especie.
Matias, calla y se queda observando como se consume el pucho, con sus ojos sin vida y sin tiempo. Comparto su silencio y por un minuto reflexiono sobre sus palabras y me asusta encontrarles algo de cordura. Nos despedimos y antes de irme me sujeta de un hombro, me mira fijo y me dice: Acuérdese mi buen amigo, alguien tiene que detenernos antes de que sea demasiado tarde.
Recorro lentamente el senderito que me saca del Hospital, con un gran dolor de cabeza y la incertidumbre de no saber si hago bien en irme.
Matias Santillán, asesinó a su vecino ahorcándolo con sus propias manos, la justicia lo declaro inimputable y lo internaron en el Hospital Neuropsiquiatrico de la Provincia de Córdoba. El diagnóstico lo describe como un sociopata, sin posibilidades de ser reinsertado en la sociedad.

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Published in: on diciembre 22, 2010 at 12:56 am  Dejar un comentario  

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