La Pampa esclavizada

Al mismo tiempo en que el gobierno y los grandes productores, se ocupan de satisfacer sus demandas y condiciones económicas, los campos de Argentina se desangran. No es la falta de lluvia, ni el precio de las rentas estatales, sino el accionar anacrónico e inescrupuloso de algunos productores rurales. Que aun en estos tiempos siguen considerando al trabajo rural algo de su propiedad y exento de los mínimos derechos naturales y humanos.

Al mismo tiempo que las importaciones crecen hasta el cielo, en el interior de los campos hay personas que viven en condiciones infrahumanas. Gentes sin estudios y desesperados, son empleados (o esclavizados) por estos personajes nefastos que los obligan a trabajar durante jornadas interminables que van de sol a sol, con jornales irrisorios y como si fuera poco, viven hacinados como animales. En mucho casos, en peores condiciones que estos.

Pero la lucha de los grandes productores y de los gobernantes gira en torno a cuestiones millonarias y evidentemente no hay lugar en estas grandes mesas de negociación para la situación crítica que sufren miles de campesinos, los cuales dejan sus huesos y sueños sobre la tierra fecunda de este País.

Al parecer no hay nadie que tenga el tiempo suficiente para investigar sobre las condiciones de trabajo o el jornal adecuado para los trabajadores rurales. Están ocupados en pensar sobre la cotización de los productos en las bolsas internacionales, trabajando arduamente para evitar que se les escape el dinero que según ellos les corresponde. Mientras tanto, los que trabajan para que esa cotización crezca todos los días, se mueren de hambre, duermen en el barro y comen a centímetros de sus propios excrementos. ¿Quién se ocupa de ellos? ¿Quien vela por su salud y condiciones de trabajo y vivienda? Nadie.

La Pampa inmensa y fecunda; ve morir estas manos con llagas; siente el caminar suave de los escuálidos niños que realizan tareas de bestias; es testiga muda de los apaleados lomos que deben continuar con la faena hasta caer reventados.

Al caer el sol, los peones se amontonan, se dejan llevar por el sueño, el sueño que les cura el dolor y los aleja del castigo diario. Y quizás sueñen con la posibilidad o el milagro de que alguna vez el patrón les de una pequeña parte de todo lo que la madre tierra le da a él.

Esta noche, cuando cierre la bolsa de Chicago y la soja haya crecido unos puntos mas, seguramente tendremos un par de manos menos que trabajen esta tierra y unos millones más que inflen la depravada e indiferente economía Argentina.

 

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Published in: on enero 25, 2011 at 12:31 pm  Dejar un comentario  

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